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El blog del alzheimer
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Esperanza con cautela ante el último hallazgo sobre el alzhéimer
octubre 9, 2019

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) han logrado retrasar la aparición del alzhéimer en un experimento de laboratorio con ratones. Ha sido gracias al uso de un anticoagulante oral que se emplea en la prevención del ictus y que, un año después del tratamiento, ha logrado que los ratones no pierdan memoria al haber disminuido su inflamación cerebral, el daño vascular y haberse reducido los depósitos de la proteína beta amiloide, señal inequívoca del alzhéimer.

La noticia, dada a conocer esta semana por el diario ABC (este es el enlace) ha corrido como la pólvora y ha abierto una puerta a la esperanza en el siempre lento camino de la investigación contra el alzhéimer. Sin embargo, pese a que es esperanzadora la vía que abre, conviene tomarlo con cautela, como siempre que se trata de novedades que vienen de experimentación con animales en el laboratorio.

Así lo sostiene Inés Moreno, investigadora Ramón y Cajal del departamento de Biología Celular de la Universidad de Málaga y profesora adjunta en el departamento de Neurología de la University of Texas Health Science Center de Houston. A su juicio, se trata de un estudio «muy esperanzador», aunque matiza que el vínculo del alzhéimer con las patologías cardiovasculares no representa en sí una novedad. «De hecho, es uno de los factores de riesgo en la aparición de la enfermedad», apunta la doctora Moreno.

Según explica esta investigadora, el CNIC ha trabajado para este hallazgo con un anticoagulante que actúa sobre el fibrinógeno, que es una proteína que está en sangre y que facilita que se agreguen las proteínas tóxicas en el cerebro. «De hecho -prosigue- se ha visto que los niveles de fibrinógeno son elevados en estos pacientes». Por ese motivo, a juicio de la doctora Moreno tiene sentido que al eliminar esta proteína «puedas estar construyendo una terapia».

No obstante, el propio artículo científico del CNIC advierte de que ya en 1979 se trató a personas con demencias en general con anticoagulantes y se vio que mejoraban, aunque no se sabía muy bien por qué. «La principal novedad -abunda Inés Moreno- es que en este proyecto trabajan con un anticoagulante que se usa ya en clínica y que no genera sangrado, uno de los efectos secundarios más importantes de este tipo de fármacos». Y, ahí sí, es donde se ha producido el éxito de esta fase experimental. «Lo han usado durante un año como tratamiento en animales y han podido comprobar que mejora su función cerebral al haber menos respuesta inflamatoria como consecuencia de que hay menos proteína agregada en el cerebro». Como resultado, «tienen menos problemas de memoria y aprendizaje, y mejora también la función de la barrera hematoencefálica, que es la que hay entre la sangre y el cerebro, y que es una de las más afectadas en pacientes de alzhéimer».